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lunes, 22 de agosto de 2011

Legado del territorio que pisamos, poder para la vida



Por: Jorge Amonzabel
El mínimo común de los habitantes en todo país es desarrollar una actividad en las comodidades que la tecnología presta o los avances de la industria ofrecen. Sin embargo, el contar con una vivienda, un espacio para descansar y otro para estudiar o trabajar. Son consideraciones necesarias y obligadas. Inclusive, espacios públicos, parques, calles, avenidas y áreas verdes. Aunque muchos afirman vivir en hoteles y en los transportes que los llevan de viaje, sean éstos aviones, ferrocarriles, buses o barcos. Mas todos buscan su círculo o espacio, su privacidad o paredes de encierro. Para algunos la intimidad de su habitación guarda todos los anhelos y aspiraciones como ser humano en el planeta. Pocos son los que lo manifiestan y difunden. Pocos se exponen.
Nadie eligió nacer donde nació. Nadie podría asegurar el lugar de su muerte. Salvo un suicida. Pocos, con cierto optimismo; definen donde vivir y donde desarrollar su actividad. Quienes nacieron en territorio extranjero y son nacionales de otro, tienen experiencias de gustar la tierra que los acoge y desear conocer la de origen de sus progenitores o padres. Aquellos que tuvieron una migración forzada y salieron de su territorio por la fuerza, extrañan su tierra y pasan nostalgia con lo que tenían o tienen en ella. Desde recuerdos, hasta el patrimonio de sus bienes, sus costumbres y toda su historia y cultura. Vivir en un territorio ajeno o propio, es necesidad de cada humano. Es una experiencia donde se asimila el legado que otros tejen y construyen. Donde se asimilan hechos de la vida y manifestaciones de la colectividad. Lo que hubo, lo que hay y lo que puede conocerse. Cada aporte, cada suceso, construye, modifica o aparta. Cada quién percibe lo que quiere, observa lo que gusta o requiere y comprende lo que le gratifica.
La herencia que recibimos, en el territorio que nacemos o vivimos, el contenido de la manifestación de las artes, la cultura, la tecnología, la ciencia, la actividad social, las perspectivas políticas, la realidad económica, el momento; son elementos y factores que se hacen valores, según cada uno y según la colectividad. Esto da contenido a la vida, otorga razones para vivir, para aportar y proponer. Ya no es solo saber, sentir, hacer,; también es crear. Crear para todos, para quienes son habitantes y estantes cercanos y lejanos del planeta.
La herencia del territorio, de lo que tiene y contiene el suelo: La fauna, la flora, el agua, el aire, la tierra y todas las manifestaciones de quienes habitan, hombres y mujeres; son el legado de la tierra. El humano que aprecia el legado, tiene el poder para la vida. Apreciar la herencia del territorio y vivir con gratitud, es lo que la humanidad necesita para permanecer y dejar vivir a las generaciones por venir. (J. Amonzabel)

Legado del territorio que pisamos, poder para la vida



Por: Jorge Amonzabel
El mínimo común de los habitantes en todo país es desarrollar una actividad en las comodidades que la tecnología presta o los avances de la industria ofrecen. Sin embargo, el contar con una vivienda, un espacio para descansar y otro para estudiar o trabajar. Son consideraciones necesarias y obligadas. Inclusive, espacios públicos, parques, calles, avenidas y áreas verdes. Aunque muchos afirman vivir en hoteles y en los transportes que los llevan de viaje, sean éstos aviones, ferrocarriles, buses o barcos. Mas todos buscan su círculo o espacio, su privacidad o paredes de encierro. Para algunos la intimidad de su habitación guarda todos los anhelos y aspiraciones como ser humano en el planeta. Pocos son los que lo manifiestan y difunden. Pocos se exponen.
Nadie eligió nacer donde nació. Nadie podría asegurar el lugar de su muerte. Salvo un suicida. Pocos, con cierto optimismo; definen donde vivir y donde desarrollar su actividad. Quienes nacieron en territorio extranjero y son nacionales de otro, tienen experiencias de gustar la tierra que los acoje y desear conocer la de origen de sus progenitores o padres. Aquellos que tuvieron una migración forzada y salieron de su territorio por la fuerza, extrañan su tierra y pasan nostalgia con lo que tenían o tienen en ella. Desde recuerdos, hasta el patrimonio de sus bienes, sus costumbres y toda su historia y cultura. Vivir en un territorio ajeno o propio, es necesidad de cada humano. Es una experiencia donde se asimila el legado que otros tejen y construyen. Donde se asimilan hechos de la vida y manifestaciones de la colectividad. Lo que hubo, lo que hay y lo que puede conocerse. Cada aporte, cada suceso, construye, modifica o aparta. Cada quién percibe lo que quiere, obseva lo que gusta o requiere y comprende lo que le gratifica.
La herencia que recibimos, en el territorio que nacemos o vivimos, el contenido de la manifestación de las artes, la cultura, la tecnología, la ciencia, la actividad social, las perspectivas políticas, la realidad económica, el momento; son elementos y factores que se hacen valores, según cada uno y según la colectividad. Esto da contenido a la vida, otorga razones para vivir, para aportar y proponer. Ya no es solo saber, sentir, hacer,; también es crear. Crear para todos, para quienes son habitantes y estantes cercanos y lejanos del planeta.
La herencia del territorio, de lo que tiene y contiene el suelo: La fauna, la flora, el agua, el aire, la tierra y todas las manifestaciones de quienes habitan, hombres y mujeres; son el lagado de la tierra. El humano que aprecia el legado, tiene el poder para la vida. Apreciar la herencia del territorio y vivir con gratitud, es lo que la humanidad necesita para permanecer y dejar vivir a las generaciones por venir. (J. Amonzabel)

sábado, 18 de junio de 2011

PARA SER UN VIGILANTE DE LA SEGURIDAD

Por: Jorge Amonzabel
Cumplir todas las normas expuestos en los distintos lugares que uno visita, camina o vive, es un principio de seguridad. Advertir de nuevos letreros con leyendas de consejo y respetar, es un principio que otorga seguridad. No fumar, no pisar el césped, no correr, no caminar en suelo mojado; son leyendas que advierten del peligro y anticipan una vida cómoda y segura. Señalar a toda persona, niño o adulto de las advertencias de seguridad es anticiparse a hechos de peligro en cadena o circunstancias pavorosas en la vida. Toda leyenda, aviso o advertencia de seguridad, constituyen normas que deben ser cumplidas.

En la casa, en el lugar de estudio y trabajo; escuchar a la madre o padres, al anfitrión, al Jefe, al profesor o al personal de seguridad sobre advertencias de sitios, objetos, lugares o personas; evita accidentes, hechos de peligro, debilidad en la seguridad y falta de prevención a desastres. Denunciar un mal uso de sitios, objetos, lugares y acciones hostiles o irresponsables de personas, no es un acto de cobardía, es un aporte a la seguridad. Informar o Denunciar un accidentes o incidente de inseguridad es obligación de uno y quienes están presentes o afectados. Si usted es portador de objetos peligrosos o esta realizando acciones de riesgo, debe hacerlas conocer a los que conviven con usted, a quienes son expertos de los riesgos que conlleva realizar esa actividad y a quienes no podrían participar y están involucrados.

Correr distraído es inseguro. Realizar una tarea, un trabajo o hecho en medio de un desorden es arriesgado. Las experiencias de retar al peligro o someterse a condiciones riesgosas sin prevenir el peligro, son inseguras para usted y sus acompañantes o familiares. Espacios sucios, áreas desordenadas, falta de mantenimiento o escoso mantenimiento de instalaciones, equipos, máquinas y vehículos; son propensos a causar daño físico e inminente lugar de accidentes con conocidas consecuencias.

Personas experimentadas en prevención de riesgos y desastres o en seguridad física o del comportamiento, caen en serios accidentes por personas irresponsables y trabajadores porfiados. Aún los experimentados están sujetos a las buenas prácticas de limpieza, orden, organización y advertencias. (JA)